Sábado, 16 de diciembre de 2017

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21/06/2014

EL PAPEL DEL PARLAMENTO EUROPEO EN LA CONSTITUCIÓN EUROPEA.

 Dr. José Borrell Fontelles

  • Este artículo fue escrito mientras que José Borrell ocupaba el cargo de Presidente del Parlamento Europeo (2004).

Tener la oportunidad de escribir estas líneas y dirigirme a vosotros, ciudadanos de Europa, representa para mí una satisfacción especial. Desde la posición que ocupo como presidente del Parlamento Europeo, trato de servir a los más de 455 millones de habitantes de veinticinco países que forman hoy en día la Unión Europea y ayudar a construir una Europa más democrática y más cercana a sus ciudadanos. Pero, seréis vosotros los que en un futuro próximo os encarguéis de hacer de Europa un continente aun más próspero y mejor de lo que es ahora.

La primera Constitución Europea, que todos los españoles aprobamos el pasado 20 de febrero, constituye un paso de enorme importancia en el proceso de construcción europea y de una gran significación para nuestro país. Este texto, firmado en octubre pasado en Roma, no es un Tratado más. Es el texto mediante el cual Europa aspira a dotarse de los instrumentos con los que hacer frente a los enormes retos que nuestras sociedades tienen por delante. Tanto por la forma en la que ha sido elaborado (a través de una Convención), como por su contenido y por el valor simbólico que contiene (una Constitución que reconoce la existencia virtual de un pueblo europeo), es un texto que se diferencia enormemente de los anteriores  Tratados y que da un salto cualitativo en la voluntad política de Europa.

El Parlamento Europeo siempre ha impulsado la construcción europea. No en vano, fue el primero que alumbró la idea de una Unión Europea, a través del proyecto Spinelli votado en el ya lejano 1984, pero que contenía todos los mimbres conceptuales y políticos de lo que ha sido el proyecto europeo que se ha desarrollado después. Lo mismo, sucedió tras el Tratado de Niza, cuando el Parlamento consideró insuficientes las reformas que se habían realizado y votó una resolución en la que abogaba a favor de una Constitución para Europa, definía los elementos esenciales que ésta debería contener y proponía un proceso constituyente por el método de la  Convención.

Pues bien, tras tres años de duros trabajos y muchas reuniones, Europa tiene una Constitución. Cualesquiera que sean sus posibles carencias, este proyecto constituye una etapa superior en la integración de nuestro continente. Como participantes en la Convención que redactó el proyecto de Constitución Europea, que posteriormente el Consejo aprobó y refrendó en su mayor parte, conozco perfectamente los aciertos (los muchos) y las lagunas (las menos) que tiene el texto, pero afirmo en cualquier caso, que Europa y España salen beneficiadas con ella.

El Parlamento Europeo es la institución que nos representa a los ciudadanos en el seno de la UE. Por ello, es de enorme importancia su reforzamiento con la nueva Constitución. Sin duda, redundará en un funcionamiento más democrático de la Unión y más cercano a los ciudadanos.

La Constitución ordena y clarifica la división de poderes dentro de la Unión. Así, el Parlamento Europeo se afirma como un auténtico colegislador, gracias a la generalización del procedimiento de codecisión. Esto significa que como regla general se necesita el acuerdo del Consejo y el Parlamento Europeo para la adopción de las leyes europeas. La generalización de este procedimiento, alcanza áreas nuevas y de enorme importancia y preocupación ciudadana, como el control de fronteras, la cooperación judicial en materia penal, lucha contra el crimen transfronterizo, diversa legislación de índole social… Con la Constitución el Parlamento será tan importante como el Consejo y los ciudadanos estaremos en pie de igualdad con los Estados para decidir sobre lo que queremos en Europa.

                

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