Sábado, 16 de diciembre de 2017

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17/01/2014

Dr. Isidro Cruz Villegas Universidad de Castilla La Mancha

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA: LA GUERRILLA EN LA COMARCA DE LA MANCHA .

 

A lo largo del siglo XIX se produjeron, no solo en España sino también en Europa, importantes transformaciones en la vida política cuyo referente fue la Revolución Francesa (1789), significando la implantación de las sociedades liberales que cambiaría los postulados de política europea y española. Pasando con enorme celeridad de la monarquía absoluta que caracterizaba el Antiguo Régimen, al establecimiento de un nuevo régimen, el Régimen Liberal. El liberalismo suponía el fin del absolutismo y de los privilegios estamentales, y la regulación de la nueva sociedad a partir de la igualdad de los ciudadanos ante la ley. De esta forma la nueva sociedad se constituía en nación, cuya legitimación reposaría en la soberanía nacional.

En España este proceso fue más lento y estuvo lleno de grandes dificultades. Ello fue debido al enorme peso del absolutismo en la sociedad española, que se resistía a perder su poder, y a la heterogeneidad del liberalismo español, en el que se enfrentaban unas tendencias con otras impidiendo la estabilidad necesaria para consolidar el nuevo régimen. España comienza el siglo XIX con una situación poco halagüeña. El pánico a la expansión de las ideas revolucionarias liberales y los repetidos fracasos militares contra Francia (Paz de Basilea de 1795) y Gran Bretaña (Batalla de Trafalgar de 1805), se sumaron a otras complicaciones de carácter interno como las sucesivas bancarrotas financieras estatales, la desconfianza de la población en los gobernantes y el enfrentamiento por el trono entre el rey Carlos IV y su propio hijo Fernando, el príncipe de Asturias.

AFRANCESADOS, ABSOLUTISTAS Y LIBERALES.

En este contexto, el año 1808 supone el primer momento importante de nuestro recorrido. El 17 y 18 de marzo se produce el motín de Aranjuez, que provocó la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV a favor del príncipe de Asturias. Un mes más tarde se produjeron las abdicaciones de Bayona en las que Carlos IV y su hijo Fernando VII cedieron sus derechos al trono a Napoleón, quien posteriormente proclamó rey de España a su hermano José I Bonaparte. Esta acción contó con el apoyo de las más altas autoridades del Estado, el Consejo de Castilla. Por otro lado, un grupo de cortesanos se ofreció para colaborar con el nuevo monarca francés. Eran ilustrados que vieron en la nueva situación política la oportunidad de llevar a cabo las reformas ilustradas y liberales oportunas para modernizar España. Estos colaboradores recibieron el nombre de afrancesados y fueron el principal apoyo de José I durante los seis años que reinó. Sin embargo, la nueva situación política no llegó a consolidarse.

En Castilla La Mancha se vivieron estos momentos en calma. Sólo la ocupación francesa de Guadalajara y Toledo a finales de abril producen los primeros incidentes, salvados en el caso toledano por la mediación del Cardenal Borbón ante el General Dupont, el cual se disponía recorrer La Mancha para llegar a Cádiz. En Toledo sorprenden a las tropas francesas de Dupont los acontecimientos del 2 de mayo en Madrid, que alterarán la situación. Ese 2 de mayo de 1808 se produce el alzamiento popular en Madrid que se extendió rápidamente a otras ciudades españolas. Utilizando la expresión clásica de Toreno “el pueblo se alzó contra el invasor”, una multitud desarmada frente a soldados perfectamente equipados como muy bien reflejo Francisco de Goya en su obra “Los Mamelucos”; también cabe destacar la presencia activa de militares en la lucha como  Daoiz y Velarde;  o de mujeres, que incluso perdieron la vida en la lucha contra el opresor francés, como: Manuela Malasaña, Clara del Rey o la valdepeñera “La Galana”.

Los sublevados no aceptaban al nuevo rey y, ante la ausencia de poder legítimo, en algunos territorios y ciudades de España se constituyeron Juntas Provinciales de Defensa, con el objetivo de organizar el levantamiento militar contra las tropas francesas. Se iniciaba así la guerra de la Independencia. Desde este preciso momento y hasta 1814, podemos distinguir en el desarrollo de la guerra 3 etapas:

1ª Etapa: Desde mayo de 1808 a la derrota española de Ocaña en 1809. Castilla La Mancha se convierte en campo de batalla, produciéndose distintas alternativas militares.

2ª Etapa: Desde finales de 1809 a 1812 es el periodo de la ocupación francesa y, por tanto, del gobierno de los afrancesados que apoyan a José I frente a la labor de la guerrilla.

3ª Etapa: Desde 1812 se vive la última etapa de la guerra en la que se va adoptando, al ritmo que se libera el territorio, el sistema liberal.

El pueblo castellanomanchego va a participar tanto en la lucha antifrancesa como en la elección de las Juntas de Gobierno. La llegada de los primeros regimientos franceses de camino hacía Andalucía provocó la inmediata reacción popular, que solicitaba la defenestración de las autoridades provinciales y locales acusadas de inoperancia e incluso en el peor de los casos de “colaboracionismo” con el invasor. En estos momentos el poder pasaría a manos de las recién creadas Juntas de Defensa, que como señalar el profesor Miguel Artola, eran la expresión de la participación política del pueblo, que se limitaría a los primeros momentos[1]. En Castilla La Mancha la formación de las Juntas de Gobierno se concretaron durante los últimos días de mayo y el mes de junio, cuando el ejército francés de Dupont se esforzaba por alcanzar Andalucía abriéndose paso a través de la carretera nacional. Las Juntas Locales se crearon, sobre todo, en las poblaciones y capitales de provincias más importantes. Por ejemplo en la provincia de “La Mancha” se crearon además de Ciudad Real, en Almagro y Villanueva de los Infantes, en Guadalajara, la del señorío de Molina etc. Los problemas surgieron cuando algunas de estas se constituyeron en Juntas Provinciales asumiendo la representatividad del resto, hecho asumido de mala gana por las juntas de Almagro, Molina de Aragón. El papel de las Juntas de Defensa fue esencial para el triunfo militar, centrando sus esfuerzos en el alistamiento de los soldados mediante la formación de batallones de voluntarios en todas las provincias. También sirvieron de apoyo para el sostenimiento de las guerrillas en incluso para como instrumento de difusión de propaganda ideológica a través de publicaciones como: La Gaceta de la Junta Superior de la Mancha, La Voz de Cuenca, La Gaceta de la Provincia de Guadalajara junto a otras como El Dos de Mayo publicada en el pueblo de Checa (Guadalajara) constituyen los primeros ejemplos de prensa en nuestra región[2]..

La zona de La Mancha se convirtió en estos primeros momentos en un campo de batalla en el que se jugaba la ocupación de Portugal y Andalucía. Hasta la definitiva Batalla de Ocaña el 18 y 19 de noviembre de 1809. Las tropas españolas, principalmente el Ejército de la Mancha al mando de sucesivos generales como Cartaojal, Venegas, Eguía o Areizaga y las tropas francesas correspondientes al IV cuerpo de ejército al mando de Sebastiani, se enfrentaron sin una victoria definitiva para ambos como en Uclés (enero de 1809), Ciudad Real (marzo de 1809) o Talavera de la Reina (julio de 1809). Finalmente, la derrota española en Ocaña permitirá la invasión francesa de la región y el paso francés hacia Andalucía.

Durante los tres primeros años, el ejército francés sufrió una terrible guerra de desgaste frente a la guerrilla. Las tropas de Napoleón consiguieron controlar las principales ciudades, excepto Cádiz, pero no logró imponerse en las zonas rurales. Por lo tanto, la ocupación militar nunca pudo ser total, limitándose a los más importantes núcleos de población y a las zonas de interés estratégico como las vías de comunicación. En las zonas ocupadas directamente por los franceses crearon una estructura bifronte, con dos autoridades: una autoridad militar en manos de los franceses y otra autoridad civil dirigida por españoles “Afrancesados”, cuyo peso se fue disolviendo con el paso de los meses. En el caso del gobierno afrancesado de la provincia de La Mancha, recayó en los abogados Florentino Sarachaga y Antonio de Porras, que precisamente fue el que había presentado, años atrás, el proyecto de creación de la Sociedad Económica de Amigos del País de Ciudad Real en 1797. Así pues, ayuntamientos, jefaturas de provincia, presidencia de tribunales y vicarías estuvieron ocupadas por afrancesados, que colaboraron con los franceses, no por traición a su patria sino por la “Defensa de un proyecto político propio”. Aunque estos serian convertidos en traidores siendo represaliados, llevados al cadalso o marchando al exilio, tras el triunfo absolutista de 1814.

LA GUERRILLA EN LA MANCHA: GUERRILLERO Y CONTRAGUERRILLEROS.

La ocupación francesa no fue tranquila, debido entre otros factores a que la resistencia contra los franceses estaba dirigida por las Juntas Provinciales, siendo su instrumentos esencial como hemos mencionado “La guerrillas”, organizaciones que durante estos años tienen un gran protagonismo.  La guerrilla, las partidas o las cuadrillas, son términos más propios de la época, que manifiestan la dimensión de las formaciones propiamente militares, constituidas por oficiales, soldados del ejército regular y hombres civiles que no podían o no querían incorporarse a sus unidades. La faceta de los guerrilleros se superpone la faceta del tenaz luchador con la del bandolero. Con frecuencia sus acciones no terminarán con el fin de la invasión francesa sino que se prolongan y hasta se hacen endémicas muchos años después. Pasando muchos de ellos a nivel de mitos.

Castilla La Mancha se convierte en tierra de conocidas partidas guerrilleras que se harán famosas por sus acciones. En muchas poblaciones guarda su memoria histórica el nombre de uno de estos guerrilleros, destacando alguno como: Juan Martín “El Empecinado”, que desde Guadalajara y con un verdadero ejército puso en más de una vez en jaque a las tropas francesas. Cabe resaltar que hubo guerrilleros nacidos en la región de Castilla La Mancha que actuaron en nuestra geografía regional, pero también muchos de ellos lucharon en otras regiones españolas próximas como: Madrid, Andalucía, Levante o Extremadura. Son los casos de: Chaleco, Cañizares, Francisquete. Por otro lado, también hubo guerrilleros que no siendo manchegos, lucharon preferentemente en nuestra región como los casos de Juan Palarea (natural de Murcia, médico de profesión y que residía en Villaluenga de la Sagra. O el anteriormente mencionado Juan Martín “El Empecinado”, Manuel Hernández “El Abuelo”, Miguel Díaz o Pablo Morillo, que a continuación estudiaremos en profundidad.

Ronald Fraser[3] en su obra “La Guerra de la Independencia” señala que hubo 101 guerrilleros luchando en la región, es decir el 17% de los guerrilleros que actuaban en toda España. También el R. Fraser nos indica que había unos 30 guerrilleros castellanomanchegos que luchaban en la región. El promedio de edad era de unos 28 años, siendo la mayoría campesinos, pero también había antiguos oficiales, médicos, religiosos (frailes) y los motivos por los que se integraron en la lucha guerrilla eran muy diversos, siendo los más comunes:

-       La pérdida de algún familiar a manos de los franceses.

-       La defensa del propio territorio.

-       El deseo de defender a la Patria del invasor o de la religión católica.

En los primeros momentos del año 1808 ya se pueden apreciar las primeras partidas de guerrilleros manchegos como Fernando Cañizares, Chaleco, Juan Palarea. Incrementándose su actividad a partir de 1809 dada la falta de un ejército oficial con que combatir a los franceses. Mencionar que es difícil de conocer y biografiar a muchos de los guerrilleros manchegos, pues de ellos solo conocemos sus nombres, y no dejaron apenas documentos escritos (muchos de ellos eran analfabetos de otros no existen hojas de servicios en el Archivo Histórico Militar de Segovia), como los famosos diarios de algunos Oficiales Españoles o Franceses (recogidos en el libros de Jesús de Haro).

Algunos de los guerrilleros más importantes organizados en partidas en La Mancha[4], según Andrés Cassinello, fueron:

-       Los Húsares[5] Francos de Valdepeñas: Al mando de Chaleco (280 caballos y jinetes).

-       Los Húsares Francos de Torralba: Al mando Juan Gómez (78 soldados y jamelgos).

-       Los Húsares Francos Manchegos: Liderados por Claudio Escalera (30 jinetes).

-       Los Húsares Francos de Daimiel: Al mando Bernal (22 jinetes y 26 caballos).

-       Los Húsares Francos de Calatrava: Al mando Giraldo (34 jinetes y caballos).

-       Los Húsares Francos de Moral de Calatrava: Al mando de Huertas (24 jinetes y caballos).

-       Los Húsares Francos de Almagro: Al mando de Fernando Cañizares (80 jinetes y caballos).

-       Los Húsares Francos Toledanos: Al mando de Cuesta (con 70 miembros).

-       Los Húsares Francos de Camuñas: Al mando de Francisco Sánchez (con 122 jinetes).

-       Los Húsares Francos Numantinos: Al mando de Palarea (678 soldados).

-       El regimiento de Húsares de Guadalajara.

-       Los tiradores de Sigüenza

-       El batallón de voluntarios de Cuenca.  Los tres últimos bajo el mando de Juan Martín “El Empecinado.

En los últimos años se han ido realizando trabajos sobre guerrilleros de la región, como los realizados por: Juan Torres Fontes sobre Juan Palarea; Manuel Espadas Burgos sobre la Biografía de Julián Alonso; Juan Díaz Pintado con su obra El brigadier Chaleco y el más reciente de Francisco Asensio Rubio sobre Chaleco.

A continuación, vamos a centrarnos a grandes rasgos en los datos biográficos de alguno de estos guerrilleros[6]:

Juan Palarea, “El Médico”. Natural de Murcia, operó en La Mancha. Pertenecía a una familia acomodada de comerciantes de Murcia, de origen napolitano, estudio en el seminario, aunque no se decanto por la carrera eclesiástica. Inició los estudios de Medicina en Zaragoza y terminados estos, fue nombrado médico de la localidad toledana de Villaluenga de la Sagra (1807). A raíz de los sucesos del 2 y 3 de mayo en Madrid, Juan Palarea organizó una partida de hombres para luchar contra los franceses. Durante el año 1810 actuaría en las provincias de Madrid, Ávila y Toledo. Su partida alcanzó la cifra de 300 jinetes y se integraría en el 5º ejército español “Escuadrones de Húsares Francos Numantinos”. Juan Palarea era el guerrillero de la región manchega que tenía más soldados a sus órdenes, salvo Juan Martín “El Empecinado”. Juan Palarea fue nombrado comandante de partida en julio de 1809, alférez de caballería en septiembre de 1809 y teniente coronel de las milicias urbanas en 1810, comandante de Húsares desde abril de 1811 y coronel de su unidad por la Regencia en septiembre de 1811. Terminada la guerra se alineó al lado de los liberales como Chaleco o el Empecinado. Combatiendo a los realistas y al general D'Albignal. Huyó de España al final de Trienio Liberal y en 1833, muerto Fernando VII, fue rehabilitado como capitán general de Valencia y miembro del Congreso de los Diputados. Durante las guerras carlistas lucho contra el general Cabrera. Falleciendo el 7 de marzo de 1842.

Fernando Cañizares. Nacido en Almagro, el 29 de mayo de 1772. Hijo de Juan Francisco Cañizares (natural de Almagro) y Nicolasa Ontanaya (Daimiel). El guerrillero y “sacerdote” Cañizares se dedicó a interceptar los correos entre La Mancha y Francia. Su partida estaba autorizada por el Marqués de la Romana, junto al coronel Mateo Vélez de Guevara, y ese mismo año, al frente de sus guerrilleros, en el camino real de Andalucía tomó un convoy de aceite, aceitunas y fardos de algodón en las proximidades del pueblo de Almuradiel  que entregó a la Junta de la Mancha, instalada en la localidad albaceteña de Elche de la Sierra. Otra de sus labores era recaudar los diezmos y las tercias reales del arzobispado de Toledo para mantener a las tropas españolas, hasta que las tropas francesas controlaron dicha zona. Como señala García Noblejas, el vecino afrancesado de Daimiel, Manuel Heredia, citó al sacerdote guerrillero en la ermita de la Virgen de Cruces para proponerle, por boca de José I, que dejara la partida y le premiaría con una mitra, ofrecimiento que no aceptó. Fernando Cañizares también participó en la Junta de Almagro y acabó su andadura en la guerra independentista ostentando  el cargo de “Comandante” de partidas aunque abandonaría su carrera militar, al ser premiado con el cargo de Arcipreste de Coria (Cáceres), cargo importante que le llevaba a sustituir al Obispo en las funciones de culto o por enfermedad, lo que supuso un importante ascenso para el párroco almagreño.

Francisco Sánchez, “Francisquete”. Nacido en Camuñas (Toledo) el 11 de septiembre de 1762, hijo de Pedro Sánchez Sierra y de María Fernández Cano (naturales de Camuñas). Contrajo matrimonio con Agüeda María Martín Consuegra (Madridejos) teniendo seis hijos. Francisquete antes de guerrillero fue trajinante y labrador. Su partida la formó con su hermano Juan Pedro Sánchez y con su consuegro Francisco Ramos. Sus primeras actuaciones contra los franceses fue un ataque a una columna francesa, donde mató a dos soldados y la interceptación por dos veces de la correspondencia francesa. Ello conllevo que las tropas francesas quisieran dar un escarmiento ejemplar, saqueando la ciudad y colgando a su hermano Juan Pedro de la vela del viejo molina a las afueras de la población (durante un mes y medio), también secuestraron a su mujer, al tiempo que fallecía uno de sus hijos y le confiscaban todos los bienes que poseía. Estas circunstancias dio a Francisquete los argumentos necesarios para practicar una dura guerra contra los franceses en el camino real, entre Madridejos y Despeñaperros. Sus operaciones se llevaron a cabo en los pueblos toledanos de: Camuñas, La Guardia, Villa de D. Fabrique. En los pueblos manchegos de Almuradiel y Puerto Lápice. En 1810 ataco a varias unidades francesas en Lillo que se dirigían a Mota del Cuervo, Saélices, Uclés y Santa Cruz de la Zarza. También colaboró con Miguel Díaz en diversas operaciones en Belmonte y Tarancón. Las operaciones de Francisquete se producían con particular dureza, por lo que los franceses gritaban ¡Que viene el tío Camuñas!, de donde paso al lenguaje coloquial para asustar a los niños.

Francisquete sería nombrado capitán de caballería, teniente coronel, coronel y comandante de los Escuadrones Húsares Francos de Camuñas por el general Castaños. En 1811 fue sorprendida su partida por varios destacamentos franceses al mando del general D´Armagnac, en Belmonte, por lo que tuve que rendirse. Él pensó que sería utilizado para ser canjeado por prisioneros pero fue mandado fusilar por el comandante francés Box. Así lo relatan las autoridades belmonteñas[7]:

“en el momento crítico de ocho a nueve de la mañana del día de su ejecución (día 15 de octubre de 1811) fue conducido por una Compañía de dragones a una de las eras de pan trillar, y puesto de rodillas se le disparó una pistola por uno de los dragones”.

Fue fusilado a los 49 años siendo enterrado al día siguiente en la Iglesia Colegial de la localidad, con asistencia del Ilustre Cabildo y con toda solemnidad.

Francisco Pareja del Amo. Natural de Brihuega (Guadalajara) formó su partida en 1809, bajo la autorización y el mando del general Mathy. Según las fuentes utilizadas por R. Fraser, sabemos que tenía cuatro hijos y esposa, a los que abandonó en 1809 para “servir a la Patria en la guerra contra el francés”. Trabajaba como obrero de la Real Fábrica de Paños de Brihuega. En 1809 enroló a sus tres hijos varones en la partida, y se dedicó a recuperar armas y dinero tanto en la zona de Guadalajara como en las zonas de Andalucía y Murcia. Su labor fue de destacar cuando llego el momento de solicitar el reconocimiento de sus servicios prestados que incluso el asesor de Juan Martín “El Empecinado”, Fructuoso María Guerra,  emitió un informe donde expresaba:

“del conocimiento de Francisco Pareja de trato y comunicación y me consta que desde el mes de junio de 1809, se presentó en la provincia de Guadalajara con su partida, que ha estado bajo las inmediatas órdenes de la Junta Provincial en observación del enemigo, recogiendo armas, recaudando caudales y escoltando presos…”

En agosto de 1813, solicitó a la Regencia el puesto de alférez en la Compañía de Escopeteros de Granada, creada para la “seguridad pública”. La regencia accedió a lo solicitado por Francisco Pareja, nombrándole subteniente en la citada Compañía de Granada.

Francisco Abad-Moreno “Chaleco”. Ha sido reconocido como el prototipo de guerrillero manchego. Nacido en Valdepeñas, era hijo de Francisco Abad Moreno y Josefa Calvo (Valdepeñas) con domicilio en la calle Ancha, 40, donde se desarrollaron los acontecimientos del 6 de junio de 1808. Cuando con 20 años recién cumplidos tomaría parte en la defensa de Valdepeñas, donde murieron algunos de sus familiares, lo que hizo unirse a la guerrilla. En un principio se integró en la partida de José Cacho y luego en la de José Miguel Villalobos, con quién combatió en Sierra Morena y Jaén (1809). Posteriormente, se unió a Juan Bacas y Juan Toledo con los que formaría su partida propia, actuando en la provincia de Ciudad Real. Chaleco tenía su guarida en el paraje de “La Cañada del Fraile”, en el término de Valdepeñas, en la sierra de Siles. Era un campesino honrado como gran parte de sus lugartenientes. Su apodo hace referencia a su manera de vestir el “chaleco”, prenda que eran común entre los varones españoles.

Su actividad se centró en la comarca de Valdepeñas, dificultando las comunicaciones y los abastecimientos entre Madrid, La Mancha y Andalucía. Los golpes que asestaba Chaleco eran emboscadas que aprovechando el conocimiento del terreno le hizo temible a la hora de enfrentarse a las unidades militares francesas en las provincias de Ciudad Real, Albacete, Jaén y Toledo. El número de soldados a sus órdenes llego a superar los 400 jinetes. En 1813 amplia su actuación a territorios tan lejanos como Valencia y Barcelona, dado que integró su partida dentro del ejército español, siendo ahora reconocido con el cargo de coronel de caballería, sirviendo a las órdenes del general Francisco Javier Elio.

Su enorme popularidad le llevó al cancionero popular:

“Desde que el cura Merino, se ha metido a general, los asuntos de la España van marchando menos mal. Cuando Abad Moreno, monta a caballo, se dicen los franceses ¡ya viene el diablo!”.

Terminada la guerra, Chaleco fue considerado coronel del Regimiento de Caballería de Escuadrones Francos de la Mancha, pero se le obligó a retirarse, lo que le genero cierta animadversión contra Fernando VII, contra el cual conspiro. Tras el pronunciamiento de Riego, participó activamente en la política del Trienio tanto en la provincia de Ciudad Real como en Madrid, aunque el final del trienio liberal le llevaría al cadalso.

Julián Alonso. Nacido en Navahermosa (Toledo) el 16 de marzo de 1793. De padres labradores. A la edad de quince años se presentó voluntario en el escuadrón de cazadores de Numancia al mando de Claudio Escalero. Su escalada fue fulgurante de cabo a sargento, de capitán a comandante. Las partidas guerrilleras se caracterizaban por que tan pronto actuaban en Extremadura como en La Mancha, como en tierras toledanas o en los pinares de Cuenca. Su dilatada carrera militar le llevaría a combatir desde la guerra de la Independencia hasta la Milicia Nacional. Compartiendo honores junto a militares como Espartero, O’Donnell.

Juan Martín Díaz, “El Empecinado”[8]. Nació en 1775 en Castrillo del Duero (Valladolid), era labrador como su padre y representa el prototipo de guerrillero que sin ser de La Mancha, se le incluye como guerrillero de esta. El apodo proviene del río Botijas que atraviesa su localidad natal que está lleno de pecina (cieno verde de aguas putrefactas). Su partida se constituyó en 1808 junto a Juan García y otros vecinos. Los franceses para darle un castigo ejemplar capturó a su madre y amenazaron con fusilarla, pero él contesto que si lo hacían fusilaría inicialmente a 100 soldados franceses que tenía capturados, más los que fueran cayendo en sus manos, por lo su madre fue liberada.

La Junta Central le nombró capitán y fue enviado a Guadalajara para que hostigara a los franceses. Para ello creó una partida con tres compañías, la primera mandada por Juan Navas, la segunda por Antonio Verdugo y la tercera por Vicente Sardina. La infantería se agrupó bajo las órdenes de Julián de  la Mesa. En 1810, la fama del Empecinado hizo que muchos voluntarios quisieran unirse a su partida, por lo que le fue sencillo formar dos batallones de infantería, el primero llamado “Batallón de los Tiradores de Sigüenza” y el segundo “Batallón de Voluntarios de Guadalajara”. Sus relaciones con las autoridades políticas de Guadalajara no fueron buenas, tal es así que el General O’Donnell el tuvo que enviar varias misivas para que no se mezclara en asuntos políticos y que tuviera toda la armonía posible con la Junta de Guadalajara (problemas con la Junta de Molina de Aragón y Sigüenza). En cuanto al Batallón de Cuenca, se creó una vez desmantelado el Batallón de Voluntarios de Aragón, tras la campaña militar de Juan Martín en esas tierras. La unidad aragonesa había combatido en la región pero al pasar a tierras castellanas sus tropas fueron desertando. Llevándole a sustituirlos por jóvenes castellanomanchegos[9]. Durante 1812, el Empecinado atacó a las tropas francesas en las cercanías de Valencia (Requena) y Albacete, donde entraron gran parte de las tropas del rey José. El Empecinado atacó constantemente al ejército galo a su paso por La Mancha (tropas de Suchet y Bassecourt). 

En 1813, el Empecinado combatiría a la zona de Aragón y Levante, interviniendo en la capitulación de Tortosa y en la de Alcalá de Henares, y ayudó a la expulsión definitivo de los franceses  de España. Después de la guerra de la Independencia “El Empecinado” obtuvo numerosos honores y títulos como la gran cruz de Carlos III, alineándose con los liberales en el Trienio Liberal, poniéndose al frente  de las columnas patrióticas de Castilla La Nueva y Castilla La Vieja. Tras la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis, capituló con el ejército de Extremadura, siendo apresado en la localidad de Olmos de Peñafiel (Valladolid) el 22 de noviembre de 1823, siendo conducido a Roa y juzgado por su antiguo enemigo, el corregidor Domingo Fuentenebro. Aunque trato de escaparse cuando era llevado al cadalso, fue atado y ahorcado el 20 de agosto (12 de junio) de 1825.

Por último, hablaremos de los Contraguerrilleros o Españoles juramentados al francés.

Pedro Velasco Negrillo[10], nacido en Alcázar de San Juan, había estado condenado a pena de prisión en los años previos a la guerra. Formó su propia partida en Almadén y se pasó al bando francés, ofreciendo sus servicios a los franceses el día 23 de febrero de 1811. Así, pues formaría parte de la contraguerrilla de renegados al mando de Antonio Porras bajo las órdenes del Barón de Kruze. Algunos oficiales del grupo de Pedro Velasco se pasaron de la partida de Antonio Porras a la Partida de Chaleco en 1812, en concreto el teniente Antonio REY y cuatro sargentos más. La contraguerrilla de Antonio Porras actúo junto a la partida de Pedro Velasco en la provincia de La Mancha.

En enero de 1812 la partida de Pedro Velasco y Antonio Porras entraron en Valdepeñas al grito de de ¡Viva España! Y los valdepeñeros replicaron con el mismo grito. Poco después descubrieron que eran “españoles juramentados” al servicio de los franceses, por lo que los rechazaron no dirigiéndoles la palabra. Los renegados de Porras y Velasco, al observar que el vecindario era antifrancés, insultaron a los vecinos. Después reclamaron a su comandante para que les dejaran escarmentar al pueblo, dejándoles dos horas para saquearlo y dos más para abusar de sus mujeres, el comandante no aceptó la propuesta, accediendo a los ruegos del Ayuntamiento y del clero; a cambio de 300 varas de paño y 189 reales.

Por último, quiero volver a mencionar que es difícil de conocer y biografiar a muchos de los guerrilleros manchegos, pues de ellos sólo conocemos sus nombres, y apenas nos dejaron documentos escritos y llegándonos en algunos casos testimonios de unos pocos. De aquí que quiera hacer un llamamiento para que desde la Historia Local se trabaje en recuperar la memoria de cuantos aquellos que héroes anónimos participaron en la Guerra de la Independencia con el fin de ir completando el estudio de la Historia de Castilla La Mancha.

Una vez visto todo lo acontecido y expulsado el invasor francés ¿hasta qué punto España se hubiera beneficiado de las ideas liberales provenientes de Francia y hubiera dejado atrás la carga pesada del Antiguo Régimen que postro a todos aquellos guerrilleros que lucharon por la libertad de España? Muchos de ellos tuvieron que exiliarse y otros fueron ajusticiados. Por no decir, de aquellos mal llamados traidores, “los Afrancesados” que lo único que pretendían era introducir las ideas de la ilustración en la retrasada y anquilosada sociedad española.

Ya sé, que es Historia ficción pero no podía terminar dicha disertación sin proponeros esta reflexión personal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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[1] M. Artola, Los afrancesados, Madrid, Alianza, 2008.

[2] Para un estudio en mayor profundidad sobre la Prensa en Castilla La Mancha ver Isidro Sánchez Sánchez.

[3] R. Fraser, La Maldita guerra de España. Historia social de la Guerra de la Independencia. 1808-1814, Barcelona, Crítica. 2006.

[4] P. Pascual, Curas y frailes guerrilleros en la guerra de la Independencia, Zaragoza, Institución “Fernando El Católico”. Diputación de Zaragoza, 2000.

[5] Húszar: Bandido de gran camino. Constituían la unidad de caballería ligera.

[6]  Francisco Asensio Rubio, La guerrilla en la Mancha, pp.89 - 120, en VV.AA España 1808-1814. De súbditos a ciudadanos. Vol II. JCCM. Albacete. 2008.

[7] A.H.M.S. Hoja de servicios y expediente personal de Francisco Sánchez, Francisquete. Legajo S-844.

[8] A. Cassinello Pérez, Juan Martín, El Empecinado, o el amor a la libertad. Madrid, San Martín, 1995.

[9] A.H.N. Diversos-Colecciones, 91 nº 14. 21 de octubre 1810.

[10] J. A. García Noblejas, Manzanares: Guerra de la Independencia, Madrid, IEM. 1982.

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